09 Oct, 2020

Juan Francisco Viruega (TESA), premio ASFAAN en el X Almería Western Film Festival

09 Oct, 2020

El Almería Western Film Festival (AWFF) da el pistoletazo de salida a su edición más atípica. Con todas las medidas de seguridad, se ha garantizado un festival que en su décima edición vuelve a convertirse en el epicentro mundial del género durante unos días.

En esta ocasión, TESA está más presente que nunca por partida doble. Por un lado, sellando una alianza que dará a conocer el trabajo de profesionales del sector audiovisual y cine a través del primer encuentro “La figura de la script, 20 años en un solo instante”, que contó con la script Ana Rosa Diego y Jesús de Bina (TESA), como ponentes. Del mismo modo, la figura de TESA en el festival se refuerza este año gracias al premio ASFAAN, que ha recaído esta vez sobre nuestro asociado Juan Francisco Viruega. El premio ASFAAN (Asociación de Festivales Audiovisuales de Andalucía) se otorga a personalidades o entidades con una trayectoria y un impacto en la industria andaluza determinante.

Juan Francisco Viruega (Almería, 1982) es director, guionista y productor. Es Doctor cum laude en Cinematografía, licenciado en Arquitectura y titulado en Dirección cinematográfica por la ECAM con el premio de excelencia de su promoción. Viruega recuerda la primera vez que entró en un cine. Era un clásico cine de verano y ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988) dinamitó su mundo. No tardaría en descubrir Twin Peaks, a oscuras y a través de la rendija de una puerta de su casa. No era más que un niño y sus padres lo mandaban a dormir, sin saber que en aquellas imágenes y sonidos había algo magnético que fue creando él una inconsciente noción de la narración y de la puesta en escena.

La catarsis vendría con dos películas, El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) y Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988). A partir de entonces convirtió el cine de Erice, el cine vasco -sobre todo el primer Bajo-Ulloa-, Furtivos, La mitad del cielo, Angelopoulos y el thriller norteamericano de los 70, en su mantra. Pero su verdadera pasión cinematográfica siempre ha estado ligada a Bergman y al cine italiano: Antonioni, Pasolini, Moretti, Tornatore, Visconti, Olmi y De Sica.

Viruega se inició en el cine tras terminar sus estudios de arquitectura, sus cinco cortometrajes, Estocolmo (2010), Postales desde la luna (2012), Solsticio (2014), Domesticado (2018) y el documental La cicatriz (2019) reúnen más de 300 selecciones en festivales internacionales y han sido premiados en más de 25 países (Los Ángeles, San Francisco, San Sebastián, Seattle, Atlanta, Canberra, Toulouse, Amsterdam, Ischia, Roma, Milán, etc.).

Ha ganado el Premio RTVA en cuatro ocasiones y el Premio ASECAN en 2014 y 2018, y en 2019 fue reconocido con el Premio Poniente Arte y Comunicación por su trayectoria profesional. Ha participado en varios congresos internacionales, desarrollando líneas de investigación alrededor del cine, la pintura y las artes escénicas. Dirige el Grado Oficial en Cinematografía y Artes Audiovisuales de la URJC/TAI desde 2014, y ha dirigido ocho obras de teatro: la última, La Colombine, sobre la periodista almeriense Carmen de Burgos.

Por si fuera poco, dirigió el Almería Western Film Festival entre 2016 y 2018, festival que ha decidido premiar ahora su trayectoria y la impronta que dejó en el festival. Dice sentirse abrumado por ello (es el segundo premio homenaje en menos de un año), es joven, está bien de salud y reconoce que le queda mucho por aprender. Sin embargo, Juan Francisco lleva diez años volcados al cine: escribiendo, dirigiendo, investigando con la tesis, dirigiendo un Festival, un Grado en Cinematografía… Y sin embargo aún siente que la gran escalada empieza ahora. Un buen amigo suyo le recuerda que este tipo de premios nacen del cariño y del respeto de las personas, lo cual le hace doblemente feliz.

Lo acompañaron anoche su familia de sangre y la que fue su familia profesional durante tres años (el equipo del AWFF), y tuvo el honor de entregárselo Loles Peña (TESA), presidenta de la Asociación de Festivales de Cine de Andalucía y buena amiga suya. Todo ello se plasmó anoche en un cúmulo de emociones que no pudo ocultar mientras subía al escenario del Teatro Municipal De Tabernas.

Viruega llegó al mundo de la dirección de festivales en 2016 a través de un gesto de confianza que él mismo considera muy bonito. Por aquel entonces, su conocimiento acerca del género western era limitado. Meditó la decisión durante días, y las ganas de aprender y emprender proyectos nuevos, que es algo que le renueva por dentro, le llevaron a lanzarse. No ha perdido la ilusión que encarnaba aquel niño que furtivamente escudriñaba Twin Peaks.

De los tres años que dirigió el AWFF, Juan Francisco se queda con un momento: “el abrazo con mis compañeros de trabajo al término de cada edición”. Recuerda también con nostalgia ver la escenografía de la edición de 2018 a contraluz, cuando el público ya había salido del teatro tras la gala de clausura. En ese momento se dio cuenta de que su ciclo había terminado, porque era inmensamente feliz.

Es innegable que durante esta etapa a los mandos del festival, la exposición a nivel nacional e internacional del mismo ha crecido exponencialmente. Él está convencido de que este crecimiento fue el resultado del trabajo en equipo. Viruega reconoce que  quería que el Festival fuera una ventana para mostrar los nuevos itinerarios del western a nivel internacional, como consecuencia de las nuevas realidades socio-políticas y la hibridación con otros géneros cinematográficos. Mercedes Díaz, Concejal de Cine y Festejos, y José Díaz, Alcalde de Tabernas, le apoyaron sin titubeos, pese a la elección que él ofrecía era muy arriesgada. En una de las ediciones llegó a verse 1300 obras con el objetivo de ir destilando y seleccionando auténticas obras maestras. En cada edición conseguían más películas de estreno y que acudieran más directores, actores y productores para presentar sus películas y propiciar el encuentro con el público del Festival, que se caracteriza por ser muy fiel y apasionado. Todo eso cristalizó en la edición de 2018, en la que reunieron a los profesionales de todas las películas, y una Sección Retrospectiva encomiable, con la visita de Salvatore Borgese, Claudia Cardinale, Toni Novella, Kiti Mánver y los familiares de Carlo Simi, que diseñó los poblados del oeste. Fue una edición muy emocionante, aunque hizo que su director no consiguiera dormir durante semanas.

Más allá de las fronteras del AWFF, se extiende un amplio y vasto desierto, que se encuentra con el mar y la sierra en sus extremos, y que conforman la riqueza paisajística de Almería. Para Juan Francisco Viruega como director, una de sus mayores motivaciones es sin duda explorar la relación entre el personaje y el paisaje. Esto es algo que podemos encontrar en todos sus trabajos, en mayor o menor medida. Y Almería es esa tierra poderosa en contrastes, y con mayores posibilidades para construir una iconografía de lugar. Es, como él mismo lo describe:  “un espacio-frontera, desértico, africano, lunar y volcánico; una tierra de piratas y naufragios, de crónicas negras, de podredumbre económica y política que siempre se ha levantado gracias a la dignidad y al trabajo de sus gentes. Y luego está ese azul que lo envuelve todo. Yo provengo de dos familias de pescadores y campesinos, así que he estado en contacto con el mar y la tierra desde pequeño.”

Los estudios y la profesión le llevaron lejos de esa tierra y de ese mar durante muchos años. A caballo entre Almería y Madrid, afrontó el reto de ponerse a cargo de la dirección de un Grado en Cinematografía. Los que lo conocer saben que se toma muy en serio sus clases, y todo lo referente a la sistematización académica de las artes. “Creo que la mirada artística se educa, se estiliza a través de herramientas que son necesarias para conceptualizar y materializar la creatividad instintiva. Es lo que Vasari llamaba el oficio del artista. Dirigir un Grado en Cinematografía es, de alguna forma, como dirigir una película. También hay algo de vampírico en la docencia, pues te pone en contacto con nuevas generaciones de cineastas”, comenta. Confiesa que hasta hace poco no veía series, ni estaba suscrito a ninguna plataforma porque nunca ha querido contraer el compromiso que exige la ficción seriada. Con ese tiempo puede ver cincuenta películas, leer veinte libros, cocinar o viajar, una de sus grandes pasiones. Pero sus alumnos han conseguido que descubra auténticas joyas.

Afronta a partir de ahora fascinantes proyectos personales, este 2020 le ha servido para investigar y ha escrito un libreto sobre la vida y la obra de Agustín Gómez-Arcos, un escritor almeriense que, tras soportar el yugo de la censura y oponerse al teatro del posibilismo, emigró a Francia, donde desarrolló toda su obra novelística y fue condecorado como Caballero de las letras francesas en dos ocasiones. Allí sus libros son de obligada lectura en los institutos, y en España sigue siendo prácticamente un desconocido. Ese es el proyecto más inminente. Pero al mismo tiempo está levantando la financiación de ‘Amanece’, su primer largometraje de ficción. Conviene que es lo más personal que ha escrito hasta el momento y dice sentirse enamorado de esa pequeña historia. No podemos esperar a verla en la gran pantalla.